01 Febrero 2012
Por Fernando Cortez

El dinero es uno de los grandes inventos de la humanidad, permitiendo y facilitando el intercambio de mercancías nacional e internacionalmente. Sin embargo, también propicia algunos males en las economías. Se considera que el dinero acrecienta el problema de la escasez en el mundo y con ello, genera más hambre, más pobreza, mayor marginación, menos educación, más enfermedades, etc.
La escasez es el problema básico de la ciencia económica, satisfacer las infinitas necesidades humanas con los escasos recursos con los que se cuenta. Tratar de resolverlo es tarea difícil y, si a esto le agregamos que el dinero contribuye a potenciar este problema, entonces se vuelve imposible de resolver. A continuación, detallamos de forma pintoresca la forma en que el dinero escapa de las economías nacionales, provocando estancamiento económico; ya que la cantidad de dinero en circulación se vuelve insuficiente para las actividades mercantiles.
Imaginemos que una organización solidaria internacional quiere apoyar a un grupo de artesanos del municipio de La Palma en Chalatenango. Dicha organización, destina cien mil dólares para que los artesanos compren materias primas, equipo y maquinaria, contraten personal adicional, etc. Este flujo de dinero genera una mayor actividad económica de la cual se beneficia la población del municipio; sin embargo, con el transcurso del tiempo el dinero escapa dejando a la población en las mismas o en peores condiciones antes de la inyección de dicho flujo de dinero.
¿Cómo escapó el dinero? Una parte se esfumó cuando los artesanos compraron las materias primas y la maquinaria en los mercados internacionales. La otra parte, se escapa por nuestros patrones de consumo. Con las ganancias generadas, los artesanos adquieren toda una gama de bienes y servicios para satisfacer sus propias necesidades: ropa, zapatos, alimentos, etc.
Cuando el artesano siente la necesidad de satisfacer su sed, muchas veces en lugar de beber agua, se dirige a la tienda más cercana y compra una bebida gaseosa. El propietario de la tienda, cada cierto tiempo, solicita un nuevo lote de éstas que paga religiosamente a las personas del camión repartidor; éstos, después de repartir toda la mercadería en la zona, se van con el dinero a la fábrica que está ubicada en San Salvador. El gerente financiero de la empresa –transnacional-, registra los ingresos, los deposita en una cuenta bancaria nacional; y posteriormente, envía ese dinero donde obtenga una mayor rentabilidad (inversión en valores de todo tipo), dejando a la economía local sin dinero para intercambio de mercancías.
Con el dinero se especula y se utiliza como instrumento para ganar dinero. Consideramos al dinero una mercancía, con el agravante de ser en la actualidad la mercancía más codiciada; sin tomar en cuenta que no satisface necesidades. Entonces deja de cumplir con su principal función, que es la de servir como medio de cambio, y se convierte en un objeto de deseo para sacarlo de circulación, acumulándolo. Por supuesto que en esa dinámica unos acumulan más que otros y la gran mayoría no logran acumular nada; puesto que estas personas que no poseen dinero no pueden satisfacer ni sus necesidades más básicas. Pero hay todavía una situación más grave: cuando las economías se quedan sin suficiente dinero para el intercambio de mercancías. La actividad económica se paraliza provocando que las empresas dejen de vender; por tanto dejan de invertir y de contratar trabajadores, hay menos recursos para el estado y hay más pobreza y marginación.
Para contrarrestar este efecto de fuga de dinero, la participación del Estado en la economía es primordial. Sin embargo, no vamos a entrar a desarrollar esta temática, ya que ha sido ampliamente difundida en una gama de literatura económica a disposición de cualquier interesado.
Por otra parte, si vamos a tratar lo que podemos hacer a nivel individual, simplemente cambiemos nuestros patrones de consumo. Por ejemplo, de vez en cuando podemos pedirle a un sastre local que nos confeccione una camisa o un pantalón con una tela de fabricación nacional, al sentir la necesidad de una bebida azucarada optemos por una horchata o un delicioso fresco de tamarindo, para departir con la familia o amigos las riquísimas pupusas son una muy buena opción, el zapatero también nos puede hacer un par de zapatos de una calidad aceptable.
Podemos seguir poniendo ejemplos de infinidad de productos salvadoreños que deberían convertirse en nuestros preferidos, a pesar de la calidad y precio. No olvidemos que muchos de los productos importados, por el afán de una mayor productividad, generan externalidades que los seres humanos seguiremos soportando, como, por ejemplo: contaminación atmosférica, de las aguas, utilización de recursos no renovables de forma indiscriminada, modificación genética de los alimentos, etc.
Con el cambio en nuestros patrones de consumo, no resolveremos todos los problemas de la economía salvadoreña; pero si lograremos que el dinero permanezca por más tiempo en nuestras localidades, provocando un mayor número de transacciones que dinamizarán la economía en su conjunto.
En una próxima entrega, trataremos cómo el dinero ha sido diseñado para concentrar el poder en los sistemas financieros internacionales. Sin embargo, el desarrollo de las comunicaciones y tecnologías de la información han creado oportunidades para liberalizar el dinero y el proceso de intercambio. Revelaremos las experiencias en el mundo y en nuestro país, de las llamadas monedas locales, que pretenden dinamizar aquellas economías deprimidas por la falta de dinero.